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Mue. Mi propio

República Dominicana, una mano solidaria

CLARITZA DE LA CRUZPor Claritza de la Cruz

Todo aquello que tiene vida se expresa de alguna manera. Hoy la naturaleza nos está hablando a través de los diferentes fenómenos atmosféricos y telúricos que a lo largo de estos días han ocurrido en diferentes países, como Antigua y Barbuda, Cuba, Puerto Rico, México, República Dominicana y Estados Unidos, específicamente en Houston y Miami, Florida.

Pasamos hoy por la triste situación de enfrentar calamidad tras el paso de estos fenómenos producto del abrupto e indetenible cambio climático que enfrentamos. Si bien estos fenómenos son medios de destrucción, deben servir, sin embargo, como base para futuras transformaciones.

Así como estos países nuestra nación se ha visto afectada por una serie de fenómenos climatológicos, entre los que podemos citar San Zenón, David, George, entre otros. En la actualidad, Irma y María han dejado una estela de muerte, dolor y destrucción en la región, siendo esto motivo para que otras naciones extiendan sus manos de solidaridad con las poblaciones afectadas. Han expresado un gesto de amor para aquellos que hoy se encuentran experimentando el sentido de pérdida.

Debido a la previsión y a la pronta respuesta de las autoridades gubernamentales, a través de los organismos de socorro dirigidos por el Señor Presidente de la Republica, licenciado Danilo Medina Sánchez, hoy las pérdidas humanas han sido mínimas. A nivel de infraestructura se ha podido desarrollar un plan de contingencia que está dando respuesta a las necesidades que estos fenómenos han causado a lo largo de todo el territorio nacional.

Históricamente, la República Dominicana se ha destacado por ser una nación solidaria a la hora de responder ante las necesidades de otros países. Extiende, acorde con esa tradición, la mano amiga a aquellos que lo han necesitado mediante aportes de personal de apoyo técnico, económicos, raciones alimenticias e insumos médicos.

Es por lo que hoy podemos decir, que nos caracterizamos por ser un país que siempre ha abrazado las causas que ameritan respuesta ante el dolor que causan las catástrofes por la vulnerabilidad de los países hermanos.

La cronología histórica de la nación judía, por ejemplo, cuenta aquel momento de solidaridad cuando la República Dominicana ofreció cien mil visas a los judíos perseguidos por el nacismo en la época de 1938. Es conocido que a su llegada a Quisqueya La Bella estos ciudadanos judíos realizaron su primer asentamiento en la provincia de Puerto Plata, municipio de Sosúa, donde fueron cálidamente acogidos por los dominicanos.

La solidaridad nuestra transciende y va más allá de las diferencias culturales y de los hechos registrados a lo largo de nuestra existencia como nación.

Otra de expresión del gesto solidario, de la mano amiga del dominicano se registró el 12 de enero del 2010, cuando la República de Haití fue impactada por la furia del funesto terremoto que marcó un antes y un después en la vida de los haitianos, y de toda la isla.

Recuerdo con tristeza que faltaban pocos minutos para las cinco de la tarde y aún me encontraba en la oficina, conversaba por teléfono cuando de repente todo empezó a temblar, mi corazón palpito aún más fuerte y los nervios no me permitían pensar en qué hacer. Salimos de aquel lugar y comprobamos la lamentable noticia por los medios de comunicación de que en Haití había ocurrido un fuerte terremoto, el cual consternó a toda la comunidad Internacional, pero en especial a nuestro país.

República Dominicana no se hizo esperar. De inmediato las autoridades al mando del presidente de turno, doctor Leonel Fernández, corrieron hacia el pronto auxilio del país vecino. Por ser la nación haitiana más cercana y compartir con nosotros un mismo territorio, fuimos la primera mano amiga y solidaria en llegar a dicho lugar.

En Haití estuvimos dando soporte con abastecimiento de alimentos, medicamentos, agua potable, levantamiento de escombros y reconstrucción de zonas devastadas. Los hospitales en la frontera y del país, en sentido general, fueron abiertos puestos a disposición de esta causa humanitaria; en fin, todo lo que fue necesario para ayudar a los haitianos a levantarse de esa difícil situación, fue modestamente ofrecido por nuestro país.

El tiempo ha pasado y seguimos dando apoyo en todo lo que es necesario, en la medida de nuestras posibilidades, en beneficio de cada país o lugar del mundo donde las condiciones nos permitan llegar.

Creo firmemente que es momento de que continuemos practicando el lenguaje del amor, la solidaridad, la entrega; de seguir siendo esa ayuda idónea que necesitan nuestros pueblos afectados por calamidades naturales.  La Biblia habla en el libro de Hechos: "En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir".

Demos aliento, demos solidaridad, demos a los demás. (La autora es presidenta del Instituto de Estudios Políticos Económicos y Sociales de Latinoamérica y el Caribe (IEPES-LAC).

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