La imagen, el respeto y la responsabilidad cuando trabajamos con menores de edad

Por: Maykol Díaz

Después de varios años de experiencia en la organización y dirección de concursos de belleza, he aprendido que trabajar con menores de edad implica una responsabilidad que va mucho más allá de organizar un evento, preparar una candidata o conseguir una buena fotografía.

Hay tres aspectos que considero fundamentales y que nunca deberían pasarse por alto: la imagen personal, la vestimenta y la difusión de fotografías y vídeos.

Cuando trabajamos con niñas y adolescentes, debemos entender que estamos acompañando una etapa muy importante de su formación y crecimiento. Por eso, cada espacio, cada actividad, cada sesión fotográfica y cada publicación debe estar pensada desde el respeto, la protección y el bienestar de ellas.

La vestimenta debe ser adecuada a la edad, al contexto y a la actividad que se realiza. La imagen que proyectamos de una menor debe responder a criterios de elegancia, educación y respeto, nunca a exigencias o estereotipos propios del mundo adulto.

De igual manera, la difusión de fotografías y vídeos debe manejarse con responsabilidad. Es indispensable contar con las autorizaciones correspondientes de sus padres o tutores, cuidar los contenidos que se publican, los mensajes que acompañan las imágenes y los espacios digitales donde se comparten.

No todo lo que luce bonito es necesariamente apropiado, y no todo lo que genera interacción en redes sociales contribuye positivamente a la formación de una niña o adolescente.

Los concursos de belleza pueden ser plataformas de desarrollo personal, disciplina, seguridad, cultura y desenvolvimiento social, pero para conseguirlo debemos establecer límites claros y entender que la protección de nuestras participantes siempre estará por encima de cualquier reconocimiento, fotografía o estrategia publicitaria.

Mi reflexión es sencilla: cuando trabajamos con menores de edad, no solamente somos responsables de un proyecto, también somos responsables de cuidar su dignidad, su imagen y su integridad.

La experiencia me ha enseñado que el verdadero prestigio de una organización no se mide únicamente por la calidad de su espectáculo, sino también por la seriedad, los valores y el respeto con los que trata a quienes forman parte de ella.

Cuidemos la infancia, respetemos la adolescencia y hagamos de estos espacios entornos seguros, educativos y dignos.

Porque formar, orientar y proyectar talento jamás debe estar por encima de proteger.

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