MOSCÚ – El gobierno de Vladímir Putin ha elevado al máximo la tensión geopolítica al enviar una carta formal a la OTAN en la que amenaza con un ataque nuclear ante cualquier intento de imponer un bloqueo militar, aéreo o marítimo sobre su enclave estratégico de Kaliningrado.
El documento, cuya recepción fue confirmada por la Alianza Atlántica, advierte que Moscú no dudará en recurrir de forma temprana a «todo su arsenal de fuerzas», incluyendo ataques atómicos preventivos.
EL DETONANTE DEL CONFLICTO
El temor del Kremlin a un cerco en Kaliningrado, territorio ruso encajonado entre Polonia y Lituania, ha desatado las alarmas. Moscú justifica la misiva denunciando un aumento sin precedentes de maniobras occidentales y vuelos de inteligencia en el mar Báltico.
El portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, defendió el mensaje como un «recordatorio diplomático natural» y subrayó que «no es un bulo, sino un asunto de gran preocupación», en línea con la reciente flexibilización de la doctrina nuclear rusa, que ahora permite responder con armas atómicas ante agresiones puramente convencionales que amenacen la soberanía territorial.
RESPUESTA FIRME DE LA ALIANZA
La reacción de los aliados no se ha hecho esperar. La portavoz de la OTAN, Allison Hart, condenó firmemente lo que calificó como una «retórica nuclear irresponsable» y reiteró la naturaleza estrictamente defensiva de la organización.
En sintonía, el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, tildó las amenazas y el repunte de tácticas híbridas como «muestras de desesperación» por parte de Rusia.
Rutte rebajó la inminencia del peligro, pidiendo calma a la población, pero garantizó que la OTAN está completamente preparada para defender cada centímetro de su territorio.
Analistas internacionales coinciden en que este último desafío busca fracturar la unidad de Occidente y frenar el flujo de asistencia militar hacia el frente de Ucrania.











